El último banquete

Jean;Marie Charles d\\\'Aumout es ­muchas cosas. Huérfano, soldado, diplomático, ­espía, amante. Y chef. Con l. a. Ilustración, l. a. exquisita decadencia de Versalles y los angeles Revolución francesa como telón de fondo, El último banquete cuenta su historia, que es los angeles historia de su búsqueda, para conocer el mundo a través de sus innumerables y sorprendentes sabores. Jean-Marie, marqués d;Aumout, lo cocinará y lo probará absolutamente todo en su periplo hacia el último banquete; Sus recetas a veces resultan suculentas y otras tremendamente desconcertantes: ¿les apetece una bullabesa de tres serpientes? ¿o prefieren corazón de lobo adobado? Cuando no busca obsesivamente un nuevo sabor, D;Aumout es un amigo leal, un marido enamorado, un padre afectuoso y un amante audaz, que mantiene correspondencia con Voltaire y con el Marqués de Sade, se convierte en el favorito del Delfín y en amigo de Benjamin Franklin, frustra un levantamiento campesino, desempeña un papel decisivo en l. a. guerra de l. a. independencia de Córcega y construye l. a.  muros de su castillo, los angeles Revolución está en el aire, y el país se levanta con un hambre distinta.

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Yo miro los angeles pata trasera de los angeles gata y ella apenas protesta. l. a. carne de los costados ha desaparecido y sus caderas están huecas, sus tetas succionadas hasta l. a. extenuación por gatitos famélicos. Cuando l. a. libero, una única gota de leche se vierte sobre mi dedo. Sabe a tristeza y desesperación. –Comida –digo–, necesita alimentarse. Los ojos de Jeanne-Marie brillan con una expresión que no reconozco. Una luz inside que hace que su semblante resplandezca y su rictus se suavice. –Dame los gatitos. Pliega un amasijo de pelo quejumbroso en el inside de su blusa, exhibiendo los angeles tersura de su estómago, una tersura que echo de menos desde l. a. última vez que mis manos pasaron por ahí. Coloco l. a. gata sobre mi hombro y los angeles sostengo con l. a. mano. Como siempre pasa, el trayecto de vuelta parece más corto que el de ida. los angeles sólida mole del colegio emerge ante nosotros. –¿Qué necesita? –Huevos. Seis huevos, y pollo si lo encuentras. Jeanne-Marie me deja con l. a. gata y los gatitos, y regresa al cabo de un par de minutos con un muslo de pollo en l. a. mano y los huevos metidos en misma blusa que había albergado a los gatitos. Se agacha y observa mientras yo casco un huevo y alimento a l. a. gata, que chupa con avidez l. a. clara rebosante y los angeles yema de l. a. media cáscara inferior. Un segundo huevo desaparece con l. a. misma celeridad. Agua, pienso yo. Debería darle agua. Lleno las cáscaras con el agua de un tonel pegado al muro del colegio y se las bebe al tiempo que Jeanne-Marie se aproxima para mirar más de cerca. –¿Qué gatito quieres? Jeanne-Marie entorna los ojos ante los angeles masa chillona de gatitos semidesnudos y menea los angeles cabeza. «No sería justo, debería quedarse con todos. » Trato de no mirar. Dejamos a los gatitos bajo un arbusto al fondo del jardín donde los niños tienen prohibido el acceso y coloco a l. a. madre a su lado, con los angeles pata herida extendida. Rompo los huevos restantes y desmenuzo el pollo, y lo dejo todo a su alcance; ambos esperamos que las ramas combadas mantengan a salvo a los angeles gata y a sus crías. –Eres valiente –dice Jeanne-Marie, con el brillo todavía en sus ojos. Se acerca y eleva el mentón para darme un beso. Su boca se abre dispuesta y nuestras lenguas se tocan en una diminuta chispa de electricidad que los angeles estremece. Sus pechos caen prontos en mis manos y ella sonríe al verme sonreír. Tan bella. En algún momento entre los besos y las caricias mi mano se desliza hacia abajo y aunque se detiene por un instante, me permite hurgar. Me llevo dos nuevos sabores conmigo. l. a. leche de gato y l. a. de muchacha. Sabores que nunca antes había probado. Al día siguiente mi vida cambia, y por razones inesperadas. El vizconde d’Anvers y el coronel reaparecen, esta vez sin el conde. Me mandan llamar, y soy examinado e interrogado por los rasguños que tengo en manos y cara. Incapaz de encontrar una respuesta mejor, les cuento los angeles verdad. Dejo al margen el dónde, el cuándo y el con quién. Pero el meollo del asunto permanece. Por razones que se me escapan, rescatar de una zarza a una gata atrapada y a sus gatitos a expensas de mi propia piel conmueve al vizconde y ayuda a convencer al coronel de que soy los angeles personality idónea para lo que el vizconde d’Anvers tiene en mente.

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