Odisea

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Best Poetry books

Good Poems for Hard Times

Selected via Garison Keillor for his readings on public radio's The Writer's Almanac, the 185 poems during this follow-up to his acclaimed anthology stable Poems are ideal for our instances. right here, readers will locate solace in works which are bracing and brave, prepared into such resonant headings as "Such because it is kind of" and "Let It Spill.

The Portable Thoreau (Penguin Classics)

An up-to-date version of Thoreau's most generally learn worksSelf-described as "a mystic, a transcendentalist, and a usual thinker to boot," Henry David Thoreau committed his existence to retaining his freedom as a guy and as an artist. Nature used to be the fountainhead of his suggestion and his safe haven from what he thought of the follies of society.

The Book of Gods and Devils

Loneliness, loss, disappointment, and secret mark this excellent quantity of forty-nine poems via Charles Simic, winner of the 1990 Pulitzer Prize for Poetry and praised as “one of the actually inventive writers of our time” by means of the la instances.

An Algebra (Phoenix Poets)

An Algebra is an interwoven number of 8 sequences and 16 person poems, the place photos and words recur in new contexts, connecting and postponing innovations, feelings and insights. by way of turns, the poems bounce from the general public realm of city decay and outsourcing to the intimacies of family members existence, from a road mime to a haunting dream, from elegy to lyric evocation.

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Vete noramala, pues si viniste ahora es porque los inmortales te aborrecen». �Hablando de esta manera me despidió del palacio, a mí, que profería hondos suspiros. Luego seguimos adelante, con el corazón angustiado. Y ya iba agotando el ánimo de los hombres aquel molesto remar, que a nuestra necesidad debíamos, pues no se presentaba medio alguno de volver a los angeles patria. Navegamos sin interrupción seis días con sus noches, y al séptimo llegamos a Telépilo de Lamos, los angeles excelsa ciudad de Lestrigonia 211, donde el pastor, al recoger su rebaño, llama a otro que sale en seguida con el suyo. Allí, un hombre que no durmiese, podría ganar dos salarios: uno, guardando bueyes, y otro, apacentando blancas ovejas: �tan inmediatamente sucede al paso del día el de los angeles noche! Apenas arribamos al magnífico puerto, el cual estaba rodeado por ambas partes de escarpadas rocas y tenía en sus extremos riberas prominentes y opuestas que dejaban un estrecho paso, todos llevaron a éste las corvas naves y las amarraron en el cóncavo puerto, muy juntas, porque allí no se levantaban olas ni grandes ni pequeñas y una plácida calma reina en derredor; mas yo dejé mi negra embarcación fuera del puerto, cabe a uno de sus extremos, e hice atar las amarras a un peñasco. Subí luego a una áspera atalaya y desde ella no columbré labores de bueyes ni de hombres, sino tan sólo humo que se alzaba de l. a. tierra. Quise enviar algunos compañeros para que averiguaran cuáles hombres comían el pan en aquella comarca, y layouté a dos, haciéndoles acompañar por un tercero que fue un heraldo. Fuéronse y, siguiendo un camino llano por donde las carretas arrastraban los angeles leña de los altos montes a l. a. ciudad, poco antes de llegar a los angeles población encontraron a una doncella, l. a. eximia hija del lestrigón Antífates, que bajaba a los angeles fuente Artacia 212, de hermosa corriente, pues allá iban a proveerse de agua los ciudadanos. Detuviéronse y hablaron a l. a. joven, preguntándole quién period el rey y sobre quiénes reinaba, y ella les mostró en seguida los angeles elevada casa de su padre. Llegáronse entonces a l. a. magnífica morada, hallaron dentro a l. a. esposa, que period alta como los angeles cumbre de un monte, y cobráronle no poco miedo. los angeles mujer llamó del ágora a su marido, el preclaro Antífates, y éste maquinó contra mis compañeros cruda muerte; agarrando prestamente a uno, aparejose con su cuerpo l. a. cena, mientras los otros dos volvían a los barcos en precipitada fuga. Antífates gritó por l. a. ciudad y, al oírle, acudieron de todos lados innumerables forzudos lestrigones, que no parecían hombres, sino gigantes, y desde las peñas tiraron pedruscos muy pesados; pronto se alzó en las naves un deplorable estruendo causado a l. a. vez por los gritos de los que morían y por l. a. rotura de los barcos213, y los lestrigones, atravesando a los hombres como si fueran peces, se los llevaban para celebrar nefando festín. Mientras así los mataban en el hondísimo puerto, saqué l. a. aguda espada que llevaba junto al muslo y corté las amarras de mi bajel de azulada proa. Acto continuo exhorté a mis amigos, mandándoles que batieran los remos para librarnos de aquel peligro, y todos azotaron el mar por el temor de los angeles muerte.

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